Yo Pandémico ES

Año: 2020
Duracion: 21 minutos.
Montaje: Rafael Menéndez
Música: Rossano Snel

“Si uno es coherente consigo mismo, el resto es soportable.
Yo soporto”, cita Parisot a la poeta brasileña Hilda Hilst , un modelo literario y femenino. Así comienza su segundo video, actual, en el Buenos Aires de la cuarentena, en el 2020. Concebido como un “diario visual de la pandemia”, Parisot cuenta con imágenes vertiginosas que incluyen el flashback, un recurso narrativo que yuxtapone tiempos y construye así un relato tridimensional.
“¿Cómo llegué a esta ciudad? ¿Cómo llegué a esta casa?”, se pregunta y le da pie a resumir su vida, un modo de catarsis: “Cuento una historia porque, como dice Isak Dinesen, todas las tristezas pueden ser soportadas si se ponen en palabras, en una historia”.
Con el programa para TV La crucigramista, Parisot se entrenó en un juego de mucha eficacia entre imágenes y palabras heredero de la tradición del collage.
El nuevo video saca provecho de esta experiencia y de la lógica del archivo, la colección de imágenes y textos que dan fundamento a una memoria.
Parisot llegó a Buenos Aires en 2016: “Desde que estoy en esta ciudad, en esta casa, al lado de esta chimenea, pasado, presente y futuro son una única cosa y cambian, porque lo único que es seguro es que hay cambio”, relata. “La vida es cambio: yo, tú, las moléculas, los virus, los planetas, las estrellas, los seres. Todo cambia todo el tiempo”.
Los drásticos, imprevisibles e inevitables cambios que produjo y produce la pandemia cobraron sentido como el patrón que en realidad había regido su vida. Distintos amores, países y sueños eran la regla de una existencia que dice sentirse “extranjera en todas partes”. La pandemia le confirmó que está signada por el cambio, aunque el cuerpo se resiste a mutar su forma tan fácilmente.
En clave existencialista, se pregunta: “¿Qué es ser yo hoy? ¿Qué es ser madre? ¿Hay coherencia entre mi discurso y mis acciones? ¿Mi realidad interior está en armonía con mi realidad exterior? Estoy viva y mi vida no es ficción. Yo no soy ficción. Mi cuerpo no es ficción. Esta voz no es ficción. Esta es mi voz.
Si yo fuera un personaje, podría decir lo que quisiera. Pero como en esta historia el personaje es la autora, estoy obligada a censurarme para no ser llevada a juicio por aquellos a quienes acuso o que se sienten ofendidos”.
¿El arte es libertad? ¿En qué condiciones? En épocas como la actual en que las redes sociales y las tecnologías de la vigilancia diluyen los límites entre lo público y lo privado, Parisot nos desafía mostrando esa falsa libertad construida sobre la espectacularización de la vida privada. Pero es claro que no se puede evitar el peso del “sistema” sobre aquellos que lo desafían impúdicamente.
“Entre mis 7 y 13 años (¡¡¡piiiip!!!) abusó de mi”, se escucha y, a pesar de la autocensura, lo dicho basta.
“¿Y mi libertad de expresión? ¿No tengo derecho a una autobiografía? A final de cuentas, ¿no dicen que toda autobiografía es una autoficción? Familias, relaciones humanas, estados, religiones, gobiernos, todos permeados por la censura, por lo no dicho.
¿Sobre lo que no se puede hablar es mejor callar?”, reacciona, incrédula.
“Mi único paseo: el supermercado”, suspira mientras los Sex Pistols entonan el himno del anarquismo punk (“No future – No future – No future for you – No future – No future – No future for me”). “Separada pero virtualmente conectada a todos, online, sometida a un tecno-totalitarismo donde la inteligencia artificial y la captura de datos y sensaciones se convierten en la realidad diaria. Sin tacto, sin piel, sin poder compartir el aire que respiramos, atrás de máscaras, encerrados en casa. Mientras tanto, los patos pueden cruzar la avenida Libertador, a pocas cuadras de mi casa”, reflexiona Parisot.
Las falacias del Antropoceno muestran su fracaso y el peligro, ya no eminente sino actual. Los ecos de un nuevo humanismo que cuestiona al universo sometido a las reglas y leyes de los seres humanos se palpitan en el discurso de Parisot.
“Apocalipsis now, here”. “Peligro a metros de distancia.
El error fue creer que la Tierra es nuestra, la verdad es que nosotros somos de la Tierra”, asevera la inconfundible voz de Nicanor Parra.
“El cuerpo no es ficción. El cuerpo no es virtual.
¿Cómo vamos a percibir el cuerpo del otro cuando todo pase? ¿Crearemos una nueva consciencia que nos permitirá una relación más amistosa con humanos y no humanos? ¿Alguien puede sentirse bien en esta sociedad enferma? ¿Será esta nuestra chance de apostar a lo colectivo? ¿Quién decide cómo va a ser de aquí en adelante?”.
“Mi maestro murió, mi primer amor murió, el padre de mis hijos murió. Soy mujer, soy madre, soy artista, comparto la cama y la vida con mi más larga one night stand y, finalmente, entiendo que no hay garantías ni almuerzo gratis…”.
“Una nueva era comienza: Yo soy Paula Parisot”, concluye la artista en un gesto de autorreferencia propio de la Literatura del yo.
El “yo” mitificado de la instalación física formada por abuelos, padres, amantes, esposo, hijos, se saca los velos en la reflexión que suscita la pandemia. No obstante, Parisot construye su autobiografía, necesariamente ficcional, con trazas de un archivo personal que, como todo archivo, es selectivo, sujeto a una lectura que lo reconozca como tal o lo desestime sin más. “¿Quién le teme a la Literatura del yo?”, parece decirse Parisot. Grandes poetas la practicaron.
Como señaló Juan Sklar, “Hasta Borges cuando dice ‘me duele una mujer en todo el cuerpo’ está hablando de sí mismo”.
María José Herrera, Julio 2021