Magazine Portugal: La prueba de Paula Parisot, por Valter Hugo Mãe

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La exposición de Paula Parisot en el Centro Hélio Oiticica, en Río de Janeiro, terminó hace poco, pero la historia que cuenta su obra no puede terminar. Al menos, no mientras quede sobre la tierra un solo fragmento de su arte, porque todo en ella es una voz urgente, un testimonio y una demanda de dignidad que nos concierne a todos.

Suelo bromear diciendo que mis héroes han sufrido demasiado y que, por eso, enfrento las adversidades como pruebas de un gran destino. Paula no daría para una película, sino para un festival de cine entero. Su vida es un sobresalto profundo, un caminar al borde del precipicio, una impresionante resiliencia que jamás se imaginaría al contemplar su figura bella y delicada.

Todo en la artista existe por el derecho a la biografía. El derecho a ser quien es, con su memoria y su cuerpo en aquello que queda del presente. Es fascinante, aún más para mí como escritor, que un arte pueda levantarse por completo para reclamar la biografía, como si esta no pudiera ser inherente al artista, como si ser alguien no estuviera garantizado para quien crea.

En un tiempo en que la identidad se construye cada vez más como un avatar virtual, una proyección imaginaria, lo que hace Paula Parisot es lo contrario: exige traer de la imaginación el testimonio de la realidad. Utiliza todo lo que puede imaginar para demostrar el drama más real. Para cuidar sus duelos, para cuidar de sus hijos, para cuidar de su maravilla imborrable.

Deseo profundamente que sus cuadros, esos dibujos increíbles y laberínticos, lleguen a Portugal. Para que podamos ver cómo la justicia también se construye al impedir el silencio, y cómo el asombro también nace de saber sufrir sin dejar nunca de mirar hacia algo mejor. Veremos cómo Paula Parisot, quizá sin haberlo pensado antes, atravesó lo peor para alcanzar un gran destino. Y todos estamos implicados en ello, porque, como dicen los argentinos: “si le pasó a uno, nos pasó a todos”. Eso es a lo que apela la justicia. Al cuidado de cada persona, para que todos estén cuidados. Para que todos sepan que merecen ser cuidados por principio.