Una obra hecha de verdad: esta es la premisa que Paula Parisot aporta a su producción actual, que forma parte de esta exposición. En un mundo donde el concepto de posverdad crece y gana visibilidad, esta obra surge como algo urgente que necesita ser dicho o, mejor aún, gritado.
El arte, ese fenómeno que construye la historia desde siempre, desde las pinturas rupestres hasta nuestros días, se afirma aquí como el grito de una mujer silenciada, que necesita reivindicarse y lo hace a través de su arte, un espacio al que la censura no debe —y cada día menos puede— llegar.
Las mujeres ocupan cada vez más este lugar, no por casualidad, sino como parte de un proceso histórico de rebelión contra la «machulencia» (@jaque.conserta), después de milenios de lucha, pero sobre todo a partir de los movimientos feministas del último siglo. Hoy, toda la historia del arte necesita ser revisada para incluir a aquellas que quedaron silenciadas.
Paula Parisot parte de una historia personal y particular para lanzar este grito que resuena hacia el futuro, pero que ya es eco de todas esas historias de artistas silenciadas —incluida la de mi madre—, que conforman esa fuerza que impulsa, una vez más, esta delicada rebelión, esta revolución dulce y amorosa, pero no por ello menos poderosa.
Su historia, marcada por tragedias familiares, habla desde este punto de vista particular, que trae consigo flores y amores para romper ese silencio impuesto por el capital, que también puede entenderse como el arma más poderosa de un mundo corrompido por una fuerza bruta que necesita ser reemplazada y que, por ello, responde con sus propias armas: la violencia, la guerra, el silenciamiento, el horror, la barbarie. ¿Qué más puede detener a este monstruo global, sino la delicadeza, la belleza, la paz, la espiritualidad y el arte?
Al realizar esta obra, Paula aborda todas estas cuestiones a través de una práctica hoy imprescindible: crear nuevas utopías. Nada mejor que el arte para hacernos imaginar nuevas realidades. El arte es ese mantra que vibra con nuevas energías y que, quizás, algún día no muy lejano, nos traiga un planeta más afectuoso, pacífico y delicado, invocando aquí a Pachamama, nuestra gran Madre Tierra, cuya fuerza desemboca en un planeta mujer, una tierra con más verdad.